sábado, 23 de abril de 2011

HECTOR SCOTTA EN LA PEÑA SEVILLISTA SAN BERNARDO


El Miércoles Santo es el día más importante no sólo en la Peña Sevillista San Bernardo, sino en todo el barrio, pues no en vano es el día en que la Hermandad hace su salida procesional. Es el día en que muchos vecinos que abandonaron el viejo arrabal vuelven para ver a su Cristo de la Salud, y a su Virgen del Refugio.

La Peña Sevillista no es menos, y el Miércoles Santo es una jornada de convivencia entre los Socios que tanto a la ida de la cofradía hacia la catedral hispalense como de regreso de la misma, llenan sus dependencias. En este año 2011 aparte de contar con la presencia de D. Manuel Vizcaíno, Subdirector General de Organización y Gestión del Sevilla FC, hubo una visita de excepción como fue la de Héctor Horacio Scotta, un jugador que para los que le conocimos y vimos jugar con la camiseta sevillista fue todo un ídolo.

Durante su estancia en la Casa Sevillista de San Bernardo, el ex jugador se mostró muy agradecido por la invitación, llegando incluso a emocionarse cuando el presidente de la Peña le cedió el testigo para que, el ramo de flores que tradicionalmente le entrega la Peña a la Virgen del Refugio delante de la propia sede, fuera realizada por él. En la doble foto que aparece arriba podemos verle en su etapa de futbolista, y departiendo con algunos peñistas el propio Miércoles Santo.

Héctor Scotta llegó al Sevilla FC en el verano de 1976, bajo la presidencia de D. Eugenio Montes Cabeza. Hasta ese momento, la mayoría de los futbolistas foráneos que habían recalado en el conjunto blanco fueron paraguayos. Ninguno de los fichados, incluido el compatriota de Scotta, Brizzola dieron al Sevilla el rendimiento de este artillero, que llegó a tener en su época el record de ser el jugador mundial que más fuerte pegaba al balón. El delantero argentino se caracterizó por la fuerza que imprimía a la pelota en sus remates a puerta y por la habilidad que poseía en el área del equipo rival. A partir de llegar al equipo hispalense se hizo famoso por sus famosos “scottazos” hasta el punto de que se popularizó entre la afición sevillista un “cantico” que entonaba todo el estadio Ramón Sánchez Pizjuan cuando tenía que lanzar una falta cerca del área, la cancioncilla decía así: “pssi, pssi, que viene, que viene”. La contratación de Scotta costó al Sevilla, veinticuatro millones de las antiguas pesetas, uno de los fichajes más caros de ese año en todo el fútbol español.

Creó un nuevo término que añadir al amplio glosario que contiene el lenguaje futbolístico: el “scottazo”. Sus terribles lanzamientos, de tremenda potencia, llevaran o no colocación, eran temidos por los porteros adversarios y las barreras, pues recibir un balonazo de Scotta implicaba tener la señal del mismo para bastante tiempo. Se le calificó de goleador, con un estilo peculiar, ya que su disparo brillaba con todo su esplendor, especialmente en el lanzamiento de faltas directas y penas máximas. Sus características no coincidían con las de los típicos delanteros sevillanos. Su capacidad rematadora le permitió ganarse el fervor de la afición, a la que demostró durante cuatro temporadas cómo se podían marcar goles a base de potencia y fuerza en el disparo. Años más tarde, un fenomenal extremo, Santiago Llorente Gálvez, más conocido por “Santi”, empleaba idénticas armas para conseguir tantos memorables, algunos de los cuales entraban por la mismísima cruceta de la meta adversaria, aunque la potencia de los disparos del malagueño estaban muy distantes de la que imprimía el argentino.

La presentación de Scotta ante la afición Sevillista tuvo lugar en la V edición del trofeo Ciudad de Sevilla, el 24/08/1976 en donde el conjunto del Sánchez Pizjuán se midió con el campeón brasileño Cruzeiro de Belo Horizonte, en un partido que congregó en el Sánchez Pizjuán a más de 80.000 espectadores, muchos de los cuales tuvieron que ver el partido sentados en la pista de albero que posteriormente se convertiría en foso, y en donde se ubicaban los marcadores del estadio. El Sevilla se clasificó para la final tras vencer en la tanda de penaltis al equipo brasileño. En este partido el argentino brilló con luz propia. En la final el Sevilla FC se enfrentó al otro equipo de la ciudad, y los jugadores sevillistas devolvieron a su rival el resultado del año anterior. La estrella del torneo fue Scotta, que materializó el único gol del partido.

En las cuatro temporadas que Scotta estuvo en el Sevilla, marcó 12 goles en la primera, 16 en la segunda, 9 en la tercera y 16 en la cuarta. Un total de 54 goles en liga en los 101 partidos que disputó y 13 goles en Copa en los 19 partidos disputados. De las cuatro temporadas en tres se proclamó máximo goleador del Sevilla y en la otra compartió con su compatriota Bertoni dicho galardón. Su marcha del Sevilla FC se produjo en la pretemporada 1980/81, ya que el nuevo entrenador Miguel Muñoz decidió no contar con el "gringo", como también se le apodaba. Y sería otro argentino, Carlos Morete, el que ocuparía su puesto en la delantera, aunque nunca con los números de Héctor.